jueves, 19 de febrero de 2009

Dos artículos contra la campaña .

Otro artículo de opinión en contra de la campaña.
Disfrutar la vida. Por EMILIO J. SORIANO en La Verdad.

Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida». Éste es el mensaje publicitario que diferentes asociaciones de ateos y librepensadores están expresando en los autobuses. Desde el respeto que merecen todas las creencias e ideologías, en principio nada que objetar a una iniciativa original y novedosa, porque todos tenemos derecho a expresar libremente nuestras ideas y convicciones. A diferencia de la Conferencia Episcopal, que ha manifestado que esta publicidad es una agresión a la religión y una blasfemia, consideramos que no cabe objeción a la primera parte del mensaje, porque está expresado con respeto y no supone agresión alguna a los creyentes. La probabilidad de que Dios no exista es un elemento inherente a la fe cristiana. La fe es una certeza personal, una experiencia vital del individuo, una creencia, pero no una evidencia. Creer en Dios es creer en la existencia de un ser no evidente ni demostrable científicamente, por ello lo llamamos fe. No se le aplica el término fe a algo que todos podemos comprobar que es real y existe. Son muchos los creyentes que experimentan dudas en alguna ocasión, esto es humano y siempre ha sido así. La madre Teresa de Calcuta confesó sus dudas, por citar a una cristina reconocida mundialmente. La duda ha sido una constante en la reflexión teológica y en la tradición de la Iglesia. Los cristianos tenemos una experiencia gozosa de Dios, y Jesucristo es para nosotros el eje central de nuestra vida, pero esto no evita que la duda intelectual aparezca alguna vez. Por ello la expresión «probablemente Dios no exista» no agrede la fe.

Sin embargo, en la segunda parte del texto publicitario «Deja de preocuparte y disfruta la vida» no queda claro qué quieren decirnos sus autores. A primera vista parece que tienen la idea de que los cristianos nos perdemos la oportunidad que nos da la vida de ser felices, y que dejar de creer en Dios nos va a permitir disfrutar más de ella. La increencia en Dios no supone vivir sólo para divertirse, para el propio provecho. Afortunadamente hay muchas personas no creyentes (agnósticas, ateas) que han hecho de sus vidas un compromiso de solidaridad con los más desfavorecidos de la sociedad, por la erradicación de la pobreza, por la paz, por un modo de vida no consumista, por la defensa del planeta, en definitiva por un mundo más justo. Son personas que no creen en Dios pero disfrutan la vida y son felices preocupándose por las necesidades de los demás. Estas personas son un ejemplo para todos, creyentes y no creyentes.

Concerniente a los que tenemos fe hay que decir que no somos personas tristes que nos sentimos obligados a vivir con una pesada carga de privaciones impuestas, y que estamos preocupados por un premio o castigo en el más allá. Todo lo contrario, la fe en Dios y la opción personal de seguir los pasos de Jesús de Nazaret tratando de mitigar el sufrimiento de nuestros semejantes es para nosotros una experiencia gozosa que da sentido a nuestra vida. La fe nos da la felicidad, y nos permite gozar y disfrutar porque nos sentimos amados, fortalecidos, construidos, interpelados y salvados por un Padre que nos llena de amor. Amor que necesitamos compartir con nuestro prójimo, que nos hace salir de nuestro yo egoísta, que potencia lo mejor de nosotros para sentirnos colaboradores en la tarea de un mundo mejor conforme al plan de Dios. Si a esto añadimos el gozo de la fraternidad compartida entre los hermanos en la fe, el perdón mutuo, y que también sabemos divertirnos en los buenos momentos que la vida nos ofrece, que son muchos, bien podemos decir que los cristianos disfrutamos profundamente nuestra existencia. Es más, muchos de nosotros pensamos que si la posibilidad de que Dios no existiese fuese cierta viviríamos del mismo modo, porque hacer el bien, perdonar, ser justos y trabajar por unas condiciones sociales que permitan la dicha de todos da sentido a la vida. Ésta es la verdadera, la auténtica dimensión del ser humano.

Publicado en La Verdad el 19/02/09.

Y otra más.
El autobús y su mensaje ateo. Por Alejandro Pérez en La Tribuna.

Empezó la moda en Londres, y como las extravagancias rápidamente se imitan, ya tenemos, en Madrid y Barcelona autobuses con la frasecita atea: «Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida».

Si analizamos la frase, vemos que no se afirma categóricamente que Dios no exista, sólo que probablemente no existe. Pero Dios no puede equipararse a cualquier fenómeno aleatorio que puede o no suceder: o existe para los creyentes, o no existe para los ateos. No entra dentro de cualquier probabilidad, o todo o nada. Y no lo niega categóricamente porque es más difícil demostrar, desde un punto de vista racional, o sea, usando la razón, que Dios no existe, que lo contrario. En una novela que leí, dos personajes contemplaban en una noche clara, desde la cima de una montaña, el cielo; y uno de ellos le decía al otro: ¡qué difícil es viendo todas estas estrellas, no creer que detrás de ellas existe un ser infinitamente bueno y poderoso, que las ha creado. Efectivamente la Creación es un reflejo de la gloria de Dios. Si Dios no existe ¿de qué es reflejo?¿de sí misma?. El Universo ¿es eterno? Según la ciencia, hubo un comienzo de todo hace unos 14 mil millones de años, el Big Bang y después el Universo ha evolucionado hasta lo que podemos ver hoy. Bueno, lo poco que podemos ver hoy, porque sus dimensiones son tan gigantescas que cuesta sólo imaginarlas. Eso concuerda con el relato de la Creación, ¿o no? De todas maneras, hay que respetar tanto a los que creen en su existencia como a los que no creen. A veces, incluso para los creyentes, es difícil sentir la presencia de Dios. El mismo Benedicto XVI le preguntaba al mismo Dios: «¿Dónde estabas?», cuando visitó el campo de exterminio de Auschwitz. Lo que me parece ya una frivolidad intolerable es la segunda parte de la frase: deja de preocuparte y disfruta de la vida. Se está presuponiendo que los creyentes en Dios somos unos seres atribulados por sentimientos de culpa y que por ello somos incapaces de sentir placer y gozo en esta vida. Jesús de Nazareth dice: «mi yugo es suave y mi carga ligera». La presencia de Dios en nuestras vidas no supone ninguna pesadumbre extraordinaria a los creyentes, sino lo contrario. Bien es cierto que hay que huir del pecado, pero asociar el disfrute de la vida al pecado es ser muy estrecho de miras. Además, ¿es Dios nuestra única preocupación? No creo que piensen lo mismo los tres millones de parados, ni los enfermos, ni los ancianos, ni los que sufren el terrorismo. Lo que sí puedo asegurar es que para los creyentes la confianza en Dios es un tremendo consuelo, en los momentos de adversidad, que en la vida de cualquiera son muchos.


Publicado en La Tribuna de Albacete el 19/02/09.